Jinetes de los mares
Creo que no está bien aprovechada la situación. Sin embargo, nunca había hecho una foto mientras me giraba sobre un caballo que trotaba por el mar. Así que eso es lo que hay. Quizás el blanco y negro es un poco recargado y el bosque del fondo mola pero sobra mucho.
La isla del barco naufragando
Esta especie de isla o península (depende de la marea) está junto a la playa de Santander. Tiene una escultura que representa un niño. No me acuerdo exactamente de lo que significa, pero me suena algo de que es un homenaje a los hijos de los pescadores que corrían por las playas en los viejos tiempos. El título lo he puesto porque me recuerda a la popa de un navío yéndose a pique.
Tobogán saturado en un jardín que duerme
Los colores saturados brillan en el jardín que duerme. Hace tiempo que los niños no caen por las maderas astilladas del tobogán. Ahora son sólo hierros pintados y espacio utilizado en vano para los mayores…
Casa antigua, blanco y negro, texturas de vida y muerte…
El consejo de un amigo pintor: “súbete a ese muro y hazle foto a lo que hay detrás…” Una casa desvencijada, preciosa, muerta y llena de vida. Sólo los espíritus utilizan las antenas para ver la Sexta. Mi mejor blanco y negro, sin duda… Bastante retocada, por cierto.
Foca voladora y pingüinos suicidas
Una foca grisácea vuela entre el turquesa de un agua carcelaria mientras unos pingüinos clonados dudan si lanzarse al agua estancada que moja sus casas de hormigón. Nunca me he posicionado en favor o en contra de los zoológicos porque creo que hay problemas más importantes, aunque me flipan los animales.
La luna en el suelo
La noche cae sobre la torre de la Iglesia del pueblo. El sauce iluminado por la luz del establo y la luna sigue brillando, solitaria en la inmensidad.
Dos horizontes en la playa
La playa amarilla acaba en un mar casi negro sobe el que duerme una peña de cobre. Las nubes son óleo fresco en un lienzo de Rothko, plano y profundo a la vez.
Amaneceres ardientes tras una rosa blanca que duerme
Cielos ardientes de amanecer oceánico. Entre la bruma que se levanta con ternura unas ramas se despiertan cubiertas de rocío. Y una rosa blanca aún duerme tras el muro de la casa del pescador.
Horizontes azules
El azul que baña las tierras costeras del norte. Un horizonte de portada de libro, una calavera con colores sin fuerzas y unas casas que emergen a lo lejos… comom una nueva Atlantida.
Sombras y reflejos de movimientos quietos
La misma silueta en territorios de fantasmas, esquinas y ventanas a nuevos espacios. La identidad oculta en un movimiento quieto.
Luces del amanecer en Isla, Santander
En las tierras de Cantabria, los amaneceres cobran tonos extraños, de fuego. Y el sauce brilla como los fireworks dorados de los sanfermines. La casa, quizá abandonada, despierta encendiendo de rojo su tejado.
















